The Túzaro

Por hacer gasto

Posted in Sueños by thetuzaro on 4 septiembre 2009

Bueno, como tengo el blog recién abierto y tengo ganas de estrenarlo os voy a contar lo que soñé el otro día, así en plan resumido. Ya sé que estas cosas debería guardarlas para el MMAMM Zine, pero bueno, una excepción se podrá hacer, digo yo. Además, siempre puedo FusilarMe A Mí Mismo.

No sé por qué motivo, pero el partido de futbol que estábamos echando entre unos coelgas degeneró y se acabó convirtiendo en uno de rugby. Y yo no he jugado al rugby en mi vida, pero se me debía de dar bien, porque al final del partido, dos antiguos profes míos de la facultad se acercaron a decirnos a un coleguilla y a mí que si nos apetecía echar una pachanga después de unos recados que tenían que hacer. A mí me pareció bien, así que quedamos para un arto después y me fui a casa de mis padres a hacer tiempo.

Allí no sé muy bien con quién me encuentro, pero el caso es que me dice que le acompañe a una clínica. Y para allá vamos los dos, a la clínica. Al poco de entrar, se me acerca una enfermera y me dice: bueno, es tu turno, te vamos a pinchar.

– ¿Pinchar?

– Sí, sí, pinchar: te vamos a vacunar de la gripe A.

– Yo nunca me pongo malo, pero si usted me dice que es por mi bien, me vacuno y santas pascuas, señora

– Pero hay que enre cuidado, porque estas vacunas son muy difíciles de poner y están muy duras.

Y, efectivamente, me pincha con la jernguilla y empieza a apretar el émbolo, y a apretar, y a apretar. Y en mi brazo una bola de líquido a crecer, y a crecer. Se conoce que la mujer no podía y llamó a un celador forzudo para que apretara con más fuerza. Tanta fuerza hacía el salvaje que me atravesó el brazo y el líquido que salía a presión de la jeringuilla me daba en la cara.

– Oiga que me está dando usted en la cara-, le dije.

– Ah, perdón ahora mismo se la saco.

Así hizo, y, de repente, en un ovimiento rápido me la trató de clavar en el pecho. Menos mal que tengo más reflejos que un mosquito aviador y pude desviar el golpe. Sorprendido le pregunté a qué se debía eso.

– Ah, no se preocupe usted,-me dijo-,es el procedimiento habitual. Cuando a uno no lo podemos poner la vacuna se la encasquetamos en todo el pecho. Pero venga, venga, que si le da reparo, ahora mismo le preparo una camilla para ponérsela más tranquilamente.

Y, dicho esto, me lleva a la sala de las camillas, con tan mala suerte que estaban todas ocupadas, porque, aprovechando que eran metálicas, las estaban utilizando para asar chuletas y panceta. Así que me quedé sin vacuna, pero eso sí, al menos me dieron un trozo de panceta.

Una respuesta

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  1. Jorge Matías Gómez said, on 4 septiembre 2009 at 21:07

    Ya están los pijos del Word Press.

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