The Túzaro

Pantaleón, el transgresor

Posted in Columnas by thetuzaro on 7 octubre 2009

Hola a todos:

La idea de abrir este blog no es sólo que yo escriba de vez en cuando lo que me apetezca, sino también recuperar en la medida de lo posible mi minifanzine (u hoja parroquial) The Túzaro, en el que la gente, mis coleguillas, escribían columnas breves sobre lo que les daba la gana, solo que adaptado a los tiempos que corren. Para empezar con esa, creo que buena, costumbre, he conseguido engañar a Elena para que escriba una historieta de cuando ella era (más) joven. No quiero dejar pasar esta oportunidad para pediros que, lo que queráis que aparezca aquí, me lo envieis a thetuzaro (a) gmail.com. Sin mas dilación, os dejo con lo que ha escrito Elena: Pantaleón, el transgresor.

Hace unos días, hablando con Guelo, no sé lo que nos llevó a tratar el tema de los profesores que habíamos tenido en la infancia o en la secundaria. Pero no hablábamos de cualquier profe, no, no, sino de los que nos habían marcado de una forma u otra por alguna, o muchas, peculiaridades.

He tenido muchísimos profesores a lo largo de mi vida y de muchos tipos: desde la seño Toñi que nos enseñaba a hacer elefantes de plastilina y dibujos en moldes con punzones y que siempre olía a café, hasta Diego con su coleta canosa, su extrema exigencia y su sonrisa infranqueable, en la Universidad, impartiendo sus clases de Sociología y contándonos los mil y un viajes que había hecho y las diferentes etnias y culturas que había conocido.

Pero tengo que reconocer que aunque de cada uno de ellos podría contar alguna anécdota, me centraré en el que protagoniza la más divertida y surrealista.

Recuerdo que estaba en secundaria. Andaríamos por los quince o dieciséis años y claro, a esa edad como todos sabemos ya hay pechos, pelillos, granos, hormonas, risas que se tapan con las manos, complejos tontos…

Por aquel entonces (y supongo que ahora seguirá siendo igual) acostumbrábamos a que en cuanto sonara la sirena que marcaba el cambio de hora y de asignatura montábamos el mayor jaleo posible, justificado por la época de transición que protagonizábamos (já): gritos, saltos, mesas arrastrándose, peleas de tizas, escupitajos por las ventanas a chicos y chicas de otros cursos que estaban abajo, en el patio, mientras que otros se manoseaban.

Nos tocaba Tecnología, esa asignatura en la que aprendíamos a usar diferentes materiales, a hacer norias de palos de madera con arandelas, circuitos con bombillas, o al menos eso creíamos nosotros hasta que llegó nuestro nuevo profesor, sustituyendo al habitual por enfermedad.

Se llamaba Pantaleón (lo juro). Ante tremendo alboroto de adrenalina adolescente se plantó delante de la pizarra intentando alguna reacción por nuestra parte, qué inocente… ahí seguíamos, salvajes, irracionales. Entonces Pantaleón lo intentó nuevamente: esta vez escribió lo que luego supimos que eran sus tres palabras clave, en mayúsculas y las letras bien separadas entre sí: TRANQUILIDAD, QUIETUD, ESPERO. Lo escribió y acto seguido empezó a levantar los dedos de una mano contando hasta tres, todo esto en silencio. Nos llamó tanto la atención aquella actitud tan de hippie, de no gritar, que notamos la tensión en el ambiente y nos sentamos donde debíamos. El resto de la clase trascurrió con normalidad. La siguiente vez que tuvimos clase con Pantaleón ya se atisbaban ciertas rarezas. Y aquí empieza la historia de verdad.

El hombre estaba obsesionado con los terremotos, maremotos y demás catástrofes naturales. Se indignaba al ver la poca cultura de prevención que tenía la sociedad española ante la desgracia de un posible movimiento sísmico. A partir de ese día la clase de Tecnología pasó de tener cables y explicaciones de fórmulas en la pizarra a estrategias de supervivencia. Una de esas estrategias la llevamos a la práctica en clase. El acuerdo era el siguiente: él daba una clase relativamente normal de Tecnología pero en el momento en que diera una palmada nos teníamos que tirar cuerpo a tierra bajo mesas y marcos de puerta con el objetivo de salvar nuestra vida por si se nos caía la clase encima. Sobra decir que aquello nos encantaba, cada clase era una fiesta y el profesor era el partícipe por excelencia. Si venía alguien ‘externo’ automáticamente volvíamos a la materia del temario. Era algo que ya teníamos asumido y controlado tanto Pantaleón como nosotros.

Lo realmente llamativo de toda esta historia es lo que nos pidió a mitad del curso para nuestros aprendizajes avanzados de supervivencia. Como todo buen superviviente sabe, una lata de sardinas es de lo mejorcito que hay en una situación de lo más chunga, pero no, Pantaleón tenía que ir más allá. Nos decía que de quedarnos aislados en un bunker tendríamos que plantar nuestro propio alimento, así que nos pidió que lleváramos un poco de estiércol, un ajo y pis de gato o perro (lo aseguro, tengo testigos). Claro, estábamos flipando. Pero lo hicimos. Nos tenía obnubilados.

El estiércol lo saqué de un pequeño solar con animales que tenía mi abuela Carmen, que tampoco daba crédito a todo aquello aunque finalmente me lo dio. La orina de perro nos la facilitó Julia, otra compañera de clase, que tenía muchos perros y tenía para dar y regalar.

Y allí estábamos todos otra vez, en fila india bajando al sótano del instituto a dejar nuestro kit básico que todo superviviente debe tener y volviendo a clase con la nariz como un pimiento del polvo que había allí abajo.

Jamás utilizamos el estiércol ni el pis (de hecho, supongo que allí seguirán), tampoco nos cayó la estructura del edificio encima, aunque al menos ahora contamos con unos conocimientos de lo más útiles. Pantaleón era un incomprendido, un transgresor.

¡Gracias Pantaleón!

Elena

2 comentarios

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  1. Jorge Matías Gómez said, on 10 octubre 2009 at 15:25

    Yo tenía una profesora en EGB que tenía aspecto de camaleón. De hecho, tenía un ojo para Gijón y otro para Valencia. Nos decía: “vosotros créeis que cuando miro a la derecha, los de la izquierda están a salvo de mis broncas, pero como tengo un ojo para cada lado, os tengo controlados a todos”.
    Menuda hija de puta, la Puri.

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  2. Off the record said, on 14 diciembre 2009 at 19:31

    me ha encantado!!!!!!! mis profes no eran tan guays!!!!!

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