The Túzaro

Hombres, mujeres y centros comerciales

Posted in Cosas mías, Uncategorized by thetuzaro on 29 noviembre 2009

Una de las cosas que menos me gusta hacer es ir de compras. Lo considero una necesidad desagradable, algo que tienes que hacer a veces porque no queda más remedio, pero que es necesario, como sacar la basura una noche fría de invierno, cuando ya estás calentito en el sofá después de cenar. Pero a veces es necesario. Necesitas ropa, y tienes que ir a comprar.

Ayer era Elena la que tenía que comprar ropa, y yo le acompañé. En el rato que ella estuvo disfrutando entre percheros y mirando trapitos, yo me paseaba lentamente por las tiendas, con las manos unidas tras mi espalda: un gesto que minutos más tarde observé que era común entre los acompañantes del sexo masculino que se encontraban en ese centro comercial. Me dio tiempo para pensar mucho en la actitud que tomamos los hombres y las mujeres en los centros comerciales.

Observé que, mientras nuestras parejas hacían sus compras, los hombres nos paseábamos en la actitud que he mencionado más arriba: paso muy lento, las manos a la espalda y la mirada perdida entre los trapitos, distrayéndonos con cualquier detalle que captar nuestra atención. Algunos miraban el techo y los sistemas de extinción de incendios, otros le dedicaban miradas furtivas a las clientas, otros ya sólo se miraban los pies…

En un momento de la tarde, Elena entró a un probador para probarse un par de prendas que había seleccionado. Entré con ella el probador, y allí estuve hasta que me riñó una de las dependientas: “¡sólo una persona por probador!” (por algún motivo que no comprendo: al fin y al cabo ésa es la mejor manera de ver cómo le queda lo que se está probando). Pedí las correspondientes disculpas y salí. Me coloqué frente a la puerta del probador, apoyado en la pared y mirando a la puerta, esperando a que Elena saliera. Levanté la vista, y observé que, en el mismo pasillo, estábamos tres hombres en la misma situación: esperando a que nuestras mujeres salieran de los pequeños habitáculos. Me recordaba a las escenas de las películas en las que unos padres nerviosos esperan fumando a chorros a que sus mujeres den a luz en el paritorio y, al final, sale una enfermera y les dice: “ha sido un niño”. Igual que un paritorio, esperando. Me preguntaba si la gente detractora de los partos en los hospitales y que prefieren alumbrar a sus bebés en sus camas, y que suelen calificar al parto en un hospital de poco humano, considerarán que los paritorios son algo parecido a lo que yo estaba viviendo en el probador.

Y es que los centros comerciales, asumámoslo, no están ni preparados ni diseñados para los hombres. En ese mismo centro, hace un par de años, lo pude comprobar en mis propias carnes, una mañana con Elena. Después de realizar nuestros recados, nos encaminamos a tomar una cerveza en uno de los bares que hay en el centro comercial, que me habían dicho que eran bonitos y elegantes. Nos sentamos en lo que yo pensaba que era una terraza vacía de un bar. Que yo estaba bien equivocado lo pude comprobar en cuanto nos sentamos en una mesa y Elena me espetó: “¿Sabes cómo funciona?”. Qué tontería, claro que sé como funciona. Cómo no voy a saber cómo funciona un bar. Vamos a ver, es un bar, he estado en unos cuantos.

Pues no, no lo sabia. El procedimiento era enrevesado: te sientas en una mesa, coges un papel que te dan y en él escribes tu nombre y marcas el aperitivo que quieres comer. Luego te levantas y te vas a la barra, donde una camarera borde te toma el pedido, le das el papel y de dices qué quieres beber. Te cobran, te dan tu bebida y te sientas. Al cabo de un rato te llaman por megafonía (sí, sí, por megafonía) para que te levantes a recoger tu aperitivo. ¿Pero qué mierda es ésa?

Pensé que eso estaba pensado para las mujeres y para que los hombres no pudieran comprenderlo y se sintieran perdidos. Las mujeres van más a los centros comerciales y se aprenden esos trucos extraños y, cuando vuelven con sus parejas, ya se lo saben, y nosotros nos quedamos con cara de tontos. Que mi hipótesis era correcta lo pude comprobar en unos minutos, cuando dos mujeres que venían con sus cientos de bolsas de cartón de comprar trapitos se sentaron e iniciaron el procedimiento con total naturalidad. En cambio, al cabo de otro rato, un pobre marido descarriado que venía huyendo de las tiendas se sentó en una silla y empezó a esperar y esperar a que vinieran a atenderle. Pobre. Al final tuvieron que salir las camareras a rescatarle. ¿Se pensaba usted que esto era un bar, eh? Inocente.

En definitiva, no están hecho los centros comerciales para nosotros, o nosotros para ellos. Menos mal que hay algunos en los que, además de las tiendas de ropitas, hay algún supermercado en el que se puede aprovechar el tiempo para hacer la compra y llenar la despensa. Menos mal.

2 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Off the record said, on 30 noviembre 2009 at 0:12

    vale, lo reconozco, me he reido un rato leyendo esto, pero es cierto, todo lo q dices es cierto. a pesar de que cuentas unas cuantas verdades, me gusta el tono desenfadado en el que escribes, me parece el más adecuado para un blog como este. aunq no lo pueda parecer a primera vista, las entradas están curradas y se ve q se le han dedicado algo de tiempo.
    me gusta lo q escribes, me identifico fácilmente con los hechos q relatas.
    un saludo!

    Me gusta

    • thetuzaro said, on 30 noviembre 2009 at 9:39

      Vaya, gracias. Me alegro de que te hayas echado unas risas.

      Me gusta


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: