The Túzaro

Batallita del arco de seguridad del Rectorado de la UPM

Posted in Éste y sus cosas, Batallitas by thetuzaro on 18 diciembre 2010

Hoy voy a rebajar el tono serio de mis últimas entradas en el blog para contar una batallita que me ocurrió hace bastantes años en Madrid, al poco de comenzar la tesis, hace seis años más o menos. Como muchos de vosotros sabréis, yo estudié mi carrera en la Universidad Autónoma de Madrid, y después estuve un año de becario en un laboratorio de dicha universidad. La UAM está situada en la afueras de Madrid (en realidad, más bien en Alcobendas) y tiene fama de ser la universidad más progresista de Madrid. Tras esos años, empecé mi tesis en la Universidad Politécnica de Madrid, que está en la Ciudad Universitaria de Madrid, compartiendo campus con la Universidad Complutense. Os podéis imaginar que fue todo un cambio.

Durante (la barabaridad de) años que estuve ocupado en terminar mi tesis doctoral tuve que visitar en numerosas ocasiones el Rectorado de la UPM, sobre todo al comienzo, por todos los papeleos de traslado de expediente y solicitudes de becas, y al final, por todos los papeleos de la defensa de mi tesis. Fue en estos años al principio de mi paso por la UPM cuando tuve la oportunidad de hacer multitud de comparaciones entre ambas universidades, en particular, entre los respectivos rectorados.

Me llamaba mucho la atención que, la entrada el Rectorado de la UPM, tenía mucha más seguridad que la del Rectorado de la UAM. En éste último, podías entrar y salir como pedro por tu casa. De hecho, había (y supongo que seguirá habiendo) un bar  restaurante en la planta superior. En cambio, para entrar al Rectorado de la UPM había que pasar un control de seguridad: primero pasar por un arco detector de metales, como en los aeropuertos, y luego mostrar tu DNI para inscribirte en un registro de visitantes. ¡Te daban una tarjeta de visitante y todo, como en las pelis! ¡Qué pijos!, pensaba yo, como podéis suponer [1].

Como los primeros años visitaba mucho el Rectorado, y ya me sabía todo esto del arco de metales, siempre que tenía que hacer algún trámite, dejaba en mi oficina todos los objetos susceptibles de hacer sonar la alarma del arco de seguridad: monedas, teléfono móvil, llaves… Lo único que me llevaba era, claro, las llaves de la oficina y mi documentación. Disciplinadamente llegaba a la puerta del Rectorado y depositaba mis llaves en la mesita que había junto al arco y pasaba a través de él sin mayor problema. Pero un día, pesar de que lo único metálico que tenía eran las llaves de mi despacho, y que las había dejado en la mesita supletoria, el arco sonó. Me extrañé, y volví sobre mis pasos, con lo que el arco volvió a sonar, claro.

La situación ahora es la siguiente: yo no tengo nada que pueda hacer sonar el arco de seguridad, y mis llaves, que es mi único objeto metálico, están sobre la mesa. Yo he vuelto sobre mis pasos y estoy, de nuevo, fuera de la zona segura, y el arco venga a sonar. La mujer que está en el puesto de seguridad me pregunta: “¿Llevas algo de metal?”. “No, sólo las llaves y están ahí”, digo yo señalando la mesita supletoria. Pero entonces me doy cuenta: ¡ah, claro, el cinturón!. “Si quieres me lo quito para pasar”, le digo a la empleada de seguridad. “No, no te preocupes, seguro que es eso lo que suena: pasa y ya está”. En ese momento, loco de alegría como estaba de poder pasar por fin a hacer mis papeleos, cojo mis llaves y, con ellas en la mano, me dispongo a cruzar de nuevo el arco de metales.

Pero, un momento, si las llaves son de metal y van a hacer sonar el arco otra vez. No, no puedo hacerlas pasar por el arco. De modo que no se me ocurre una idea más feliz que colocarme en mitad del arco de seguridad y, por la parte exterior del mismo, pasarme las llaves de una mano a otra. Repito para que quede más claro (ver el esquema adjunto, donde se ilustra la situación [2]): yo pasé por dentro del arco (con mi cinturón, es decir, con el arco sonando a todo meter) y, esforzándome al máximo porque casi no llegaba, abrazado a una de las dos piezas laterales del arco (no sé si llamarlas jambas), me pasé las llaves de una mano a otra para que no atravesaran por el interior del mismo. Y me pareció lo más normal del mundo.

 

Vista superior de mi paso a través del arco de metales del Rectorado. Obsérvese el esfuerzo de elongamiento de mis brazos y la cara de estupefacción de la empleada de seguridad.

Al registrarme como visitante se me pidió el DNI y, como tardaba en encontrarlo, y la señora de seguridad debía de pensar que yo estaba como las maracas de Machín, ya me decía “el DNI… el carnet de conducir… lo primero que encuentres”. Y ya, por fin con mi situación totalmente legalizada, me encaminé a la oficina correspondiente donde tenía que hacer mis trámites. Y no fue hasta ese momento, andando por los pasillos del Rectorado, cuando me di cuenta de lo que había hecho. Hasta ese momento me parecía pasar por el interior del arco, pero abrazarme a él para que mis llaves pasaran rodeándolo, era lo más normal del mundo.

Pero, no obstante, me acabé sacando el título de doctor, que conste.

—————————————————-

NOTAS:

[1] Por cierto, que todo esto lo tenía que hacer porque estuve muchos años sin tener un carnet de la Universidad. Nada más empezar mi tesis me dieron uno que duraba lo que mi primera beca: tres meses. Cuando caducó se acabaron los carnets hasta que me hicieron el contrato, casi cuatro años después. Entonces recibí uno que me duró hasta el final de mis días en la UPM. ¿Por qué no solicité uno? Bueno, eso hice al poco de llegar a la UPM, pero no me lo dieron, y me pareció raro, pero no me preocupé mucho, la verdad. Años más tarde, me cambié de despacho y haciendo la mudanza, ¿qué me encontré?: mi solicitud del carnet de estudiante de la UPM, completa, con foto y guardada en un cajón.

[2] Para haberlo hecho con el Paint y utlizando para dibujar el cuadradito éste de los portátiles está más que bien.

5 comentarios

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  1. moncho said, on 18 diciembre 2010 at 13:43

    Esta no la recordaba…y si, lo del mago del photoshop se te queda pequeño, sobre todo con este homenaje a Juan Tamariz…si hubieras dicho TACHAAAAAAAAAAAAN despues de pasar por el arco te hubiera propuesto para el nobel.

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    • thetuzaro said, on 18 diciembre 2010 at 23:46

      Moncho, me salía tu comentario en la cola de SPAM. Eso es porque tienes pensamientos sucios o algo.

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  2. Javi said, on 18 diciembre 2010 at 17:00

    JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, que risas con esa batallita!!! Qué tiempos!!

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    • thetuzaro said, on 18 diciembre 2010 at 20:22

      Qué tiempos aquellos y estos: no se lo digas a nadie, pero el otro día quise ir a una charla en el edificio de al lado del mío… ¡y no supe entrar! Tenían una puerta giratoria, pero estaba cerrada o yo qué sé. El caso es que no supe entrar y con las mismas y sin decir nada a nadie, me volví a mi mesa y seguí trabajando com si nada.

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  3. Elena said, on 18 diciembre 2010 at 18:31

    joojojojojo, tenías que escribirla, ya te lo decía yo, buenísima!

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