The Túzaro

Cosas buenas de lo artifical: el yodo

Posted in Éste y sus cosas, Columnas, Lecturas y reflexiones by thetuzaro on 3 junio 2011

Uno de los argumentos con los que los fabricantes de alimentos nos suelen tratar de convencer de los buenos que son sus productos es que son 100% naturales. La cosa suena bien y apela a nuestros recuerdos de la infancia y a nuestro romanticismo: las cosas del pueblo saben mejor y no hay tomates como esos que cultivaba tu abuelo. Éste es un argumento convincente, aunque no tiene por qué ser completamente correcto. Todos conocemos productos 100% naturales que son buenísimos, pero también productos que nos ofrece nuestra madre Tierra que son tóxicos o directamente venenosos. Tampoco es cierto al cien por cien el recíproco: como lo natural es bueno, lo artificial tiene que ser malo. Es sobre esto sobre lo que quiero escribir hoy.

Quiero poner un ejemplo sobre cómo la introducción de aditivos artificiales en la cadena alimentaria no sólo no es malo per se, sino que puede incluso tener grandes beneficios. Lo que me mueve a escribir esto es esta noticia del Independent de hace un par de días. Un estudio sobre la salud de los escolares del Reino Unido ha desvelado que un 70% de las niñas en edad escolar tiene deficiencia de yodo en su organismo. El yodo es un elemento importantísimo para el desarrolo neurológico del feto, de modo que, según el citado estudio, la deficiencia de yodo podría resultar en que 100.000 bebés al año nacieran con deficiencias intelectuales. Según la misma noticia, la principal causa de este descenso en los niveles de yodo en el organismo podría ser un descenso en el consumo de leche y pescado. De hecho, un vaso de leche aporta la mitad de la cantidad diaria recomendada de yodo. Así que la solución a este problema pasa porque la gente beba leche.

Lo interesante de la noticia, y la relación con los aditivos artificiales, es que la deficiencia de yodo era un mal generalizado en el Reino Unido en la primera mitad del siglo XX. En 1940, las prácticas de los granjeros cambiaron y los niveles de yodo de la población empezaron a subir. Los cambios introducido por los granjeros fueron alimentar a las vacas en invierno con piensos artificiales enriquecidos con yodo y lavar las ubres de los animales con un desinfectante con yodo. El uso de estos aditivos se complementó con medidas políticas: incentivar el consumo de leche en las escuelas. Eso hasta que el primer ministro laborista Harold Wilson eliminó la cuota de leche de las escuelas secundarias en 1960. Más tarde, en los 70, la conservadora Margaret Thatcher la eliminó de las primarias también, así que no duró mucho la cosa.

La moraleja de esta pequeña historia que acabo de contar es que no vale decir “esto es bueno porque es natural” ni “esto es malo porque es artificial”, ni las otras dos combinaciones que se pueden hacer. Lo que vale es valorar cada producto y cada iniciativa o técnica por sus propios méritos, ya sean sanitarios, culinarios o de otra índole.

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