The Túzaro

El sueño de la ETA trigonométrica

Posted in Sueños by thetuzaro on 11 junio 2011

Hacía tiempo que no escribía algo que hubiera soñado, y el otro día tuve la suerte de recordar un sueño que creo que merece la pena que aparezca aquí, aunque es bastante breve. Se trata del sueño de la ETA y las matemáticas, también conocido como el sueño en el que los Policía Nacionales no tenían cultura de ninguna clase.

Estaba yo en el pueblo, en casa de mis padres, empezando a preparar mi viaje de vuelta a Madrid. Por algún motivo, la fachada de la casa estaba cubierta con un andamio: supongo que habría que arreglar algún canalón o alguna bajada de agua. Con tanto ajetreo no pude escuchar el ruido que se estaba formando a la entrada de la casa y no pude prepararme para lo que me iba a encontrar nada más abrir la puerta.

Un grupo de unos veinte agentes de las fuerzas especiales aguardaba mi salida, los rostros cubiertos con pasamontañas y las armas dispuestas, apuntándome. Yo no tenía ni idea de lo que pasaba, así que, viendo el panorama, cuando me gritaron que no me moviera y pusiera las manos en alto, les hice todo el caso que pude. Es una situación bastante desagradable tener tantas armas de fuego apuntándole a uno.

¿Por qué estaba tanto policía esperándome en la puerta de la casa de mis padres, en el pueblo? Bueno, no cabe duda de que una operación de tal envergadura sólo se lleva a cabo para detener a alguien que esté relacionado con la ETA. Así que eso fue lo primero que sospeché: estos tíos me quieren detener por ser de la ETA. Afortunadamente, a los pocos segundos, cuando ya había quedado claro que no pensaba oponer ninguna resistencia, a pesar de lo indignado que estaba por el follón que estaban montando para detenerme a mí, que no soy de la ETA, apareció una pareja de agentes de la Policía Nacional, estos ataviados con el uniforme ordinario: camisa blanca, pantalón negro…

No recuerdo el nombre de la agente, así que vamos a suponer que se llamaba López. “Buenas tardes, soy la agente López”, me espetó la agente con cara de mal humor, dispuesta a interrogarme. “Pues yo soy el doctor Montes” le solté yo, que también tengo mi títulito. “Ah, doctor, ¡joder, qué tío!”, contestó López, cambiando abruptamente de expresión facial a una que parecía indicar “es doctor… ¡joder, qué tío!”.

Tras esta breve presentación, los dos agentes, en un tono mucho más amable (pero aún con las armas de los demás guardias apuntándome) comenzaron a explicarme por qué estaba pasando esto y por qué pensaban que yo pudiera ser de la ETA. Me mostraron sus pruebas, que desparramaron por el suelo de la calle. Sí, es cierto que había ejemplares de Egunkaria, y también alguna que otra pegatina de Bildu, que habrían conseguido rebuscando entre mis cajones. Pero a eso no le daban tanta importancia. Lo importante, la clave que indicaba no sólo que era de la ETA, sino que además algo gordo andaba tramando, era un pila de cartones, como esos que vienen a veces dentro de una camisa recién comprada, que son blancos por un lado y grises por el otro.

Todos esos cartones estaban escritos… por mí. Pero, ¿qué es lo que contenían? Pues estaba claro, cálculos, fórmulas, ecuaciones… Era algo sospechoso al cien por cien para los guardias, pero no lo terminaban de entender, y allí estaba yo para expicárselo, para decirles qué fórmula del terror es la que estaba buscando. Y allí estaban los veinte guardias de las escopetas para asegurarse de que yo colaboraba.

Pero yo reconocí al instante los cálculos que había en los cartones. No eran nada del otro mundo. No eran cálculos para encontrar la fórmula del terror, no. Era hojas de sucio en las que yo había resuelto problemas cuando estudiaba la carrera y que, por algún motivo, aún estaban rondando por casa de mis padres, en el pueblo. Eso me tranquilizó y me dispuse a explicarles todo a los señores agentes. Pero entonces, el guardia que había guardado silencion hasta ese momento, indicó cuál era su principal preocupación: una ecuación muy concreta, que debía de guardar un secreto muy gordo. “¿Esto qué es, eh? ¿Esto qué es?”, decía en voz bastante alta el guardia, mientras golpeaba con su dedo índice uno de los cartones, justo en el lugar donde estaba escrita la ecuación: era cos^2(x)+sin^2(x)=1.

Esto ya me sacó de mis casillas. Como todos mis lectores saben, puesto que son gente educada en los mejores colegios, no se trata de ninguna ecuación misteriosa, sino de una de las propiedades más básicas de las funciones trigonométricas. De hecho, bastaba con que los agentes conocieran (que digo conocieran, recordaran) la definición de seno y coseno que les dieron en el instituto, y el teorema de pitágoras, para haber podido comprobar que así era, de una manera fácil y rudimentaria. “Eso lo deberíais saber, que se da en BUP”, les espeté. ¿Era ésta la fuerza de élite que va por ahí deteniendo a terroristas peligrosísimos? ¿Es éste el cuerpo especializado que va a detener a los de Anonymous por bajarse películas gratis? ¿Sabían hacer la o con un canuto? ¿Hace falta ser zoquete para ser guardia? ¡Qué vergüenza!

Recuerdo que ésas eran las preguntas que pasaban por mi mente en aquel momento tan tenso. Lo que no recuerdo es cómo terminó el sueño exactamente, pero no me preocupa: mis sueños siempre acaban bien, y, en la mayoría de ocasiones, en un bar.

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