The Túzaro

Matrimonios de caudales

Posted in Éste y sus cosas, Columnas by thetuzaro on 16 abril 2013

Me he desayunado esta mañana con una noticia en eldiario.es que me ha llamado la atención. Por lo visto un colectivo llamado Foro de la Familia va a comenzar una recogida de firmas con la intención de llevar una iniciativa legislativa popular (ILP) al Parlamento para que éste apruebe una ley que permita una modalidad de matrimonios blindados. Se entiende por esto de matrimonios blindados que las parejas heterosexuales que lo deseen podrían casarse de manera indisolube, es decir, sin que exista la posibilida de divorciarse.

Esta ILP me ha llamado la atención principalmente porque la posibilidad de casarse y no divorciarse ya está contemplada en la actualidad. Dicho de otra manera: no es obligatorio divorciarse; ese mecanismo está ahí por si los cónyuges creen conveniente utilizarlo, pero no es obligatorio hacer uso de él. De modo que si tú y tu pareja queréis casaros hasta que la muerte os separe… pues bien, es perfectamente posbile: sólo hay que casarse y esperar a que uno de los dos muera (¿Cuál? El primero). Si, por el contrario, estáis abiertos a dejar ese comodín por si la cosa saliera rana, pues también perfecto. Si, después de casados, la cosa sigue yendo sobre ruedas, pues genial, a disfrutar. ¿Que la cosa va mal? Pues borrón y cuenta nueva. Es decir:la legislación actual es suficiente para satisfacer a personas que quieren tener la posibilidad de divorciarse y a personas que no quieren contemplar esa posibilidad.

Si esta ILP saliera adelante, nos encontraríamos en una situación un tanto paradójica. La pareja que quiere disponer de la posibilidad de divorciarse podría seguir teniéndola y para ellos nada habría cambiado. ¿Y para la pareja que quiere casarse para siempre y que, por los motivos que sea, no contempla la posibilidad de divorciarse? Pues tanto si se acogieran a la nueva ley como si no, su situación sería exactamente la misma que bajo la legislación actual, es decir: si uno se quiere casar para toda la vida y no divorciarte jamás, puede hacerlo.

Entonces, ¿es que no hay nadie a quien le afectaría este nuevo reglamento matrimonial? Desde luego que sí: a aquellos cuyas fortísimas convicciones les conminaran a elegir al matrimonio indisoluble y de por vida y que al cabo del tiempo, por circunstancias, decidieran que una cosa son las convicciones y otra muy diferente aguantar al cónyuge. A estos les saldría caro el órdago que echaron en el altar (porque digo yo que se casarían frente a un altar, claro). Es decir: la nueva ley no solucionaría ningún problema -puesto que no existe tal problema a resolver- e introduciría problemas nuevos.

Alguno habrá que lea esto y diga: “es que la idea es que el matrimonio, como institución sagrada y por encima de lo terrenal que es, dure y no se separe aunque los cónyuges se lleven mal; que los cónyuges aprendan a proteger su matrimonio por encima de otras cosas”. Reconozco que este argumento, incluso a mí, que nunca me he leído una novela de Corín Tellado, me parece que puede llegar a ser comprensible y puedo entender que haya gente que opine así. Ahora bien, si la idea es que el matrimonio aguante contra viento y marea, ¿no tendrá más mérito aquel matrimonio que capée el temporal aunque la puerta de escape del divorcio esté entreabierta? Si el matrimonio se entiende como una competición de tozudez y cabezonería, ¿no gana aquel que sigue casado a pesar de haberse podido divorciar? Si esto es así -que, por lo que yo entiendo, hay mucha gente que lo cree- el reglamento matrimonial actual es mucho más romántico que ése que quieren introducir ahora.

¿Cuál creo, desconfiado -y puede que hasta conspiranoico- de mí, que es el motivo que hay detrás de esta ILP? Bueno, pues teniendo en cuenta que la conclusión es que eso que dicen que pretenden lograr con la ILP -a saber: la posibilidad de que una pareja se case y no se divorcie nunca- es perfectamente posible en el marco legislativo actual, creo que el objetivo de el Foro de la Familia es otro. Su objetivo según lo veo yo es meter la patita en el mundo legislativo para, al cabo del tiempo, ir ganando territorio para intentar eliminar el divorcio por completo. Es decir: otro más de los pasitos para atrás en el camino de la civilización que estamos viendo y viviendo últimamente.

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