The Túzaro

Guapas de película

Posted in Éste y sus cosas, Éste y sus teorías, Cómics by thetuzaro on 4 agosto 2013

Guapas de película

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Oprimidos por el sistema

Posted in Éste y sus teorías, Cómics by thetuzaro on 5 mayo 2013

Fútbol y política

Sobre la homeopatía y la memoria del agua

Posted in Éste y sus cosas, Éste y sus teorías, Lecturas y reflexiones by thetuzaro on 24 febrero 2013

Hace un par de días, en eldiario.es, que es uno de los periódicos online que surgieron cuando Público dejó de editarse en papel, publicaron un artículo, que había sido publicado originalmente en Materia, sobre los riesgos de la homeopatía. El artículo generó entre los lectores el mismo aburrido debate de siempre, con los mismos argumentos prohomeopatía de siempre (que tanto lastre suponen en mi opinión para esa izquierda que se supone que lee ese periódico) que se resumen, así a lo bruto, en esta frase: como las grandes empresas farmacéuticas son unas buitres sin compasión, todo lo que no fabriquen ellas es bueno. El caso es que leyendo me di cuenta de que hay algo que normalmente no se aborda cuando se discute de homeopatía y su funcionamiento.

Para el que no lo sepa, la homeopatía es una pseudomedicina que se basa, en líneas muy generales, en dos principios. Primero, lo similiar cura lo similar, de modo que para curar la enfermedad que sea, y que se manifiesta en, digamos, unas fiebres, lo mejor son sustancias que produzcan esos mismos síntomas o parecidos. A estas sustancias se les suele llamar tinturas madre. Segundo, cuanto más diluído, normalmente en agua, esté el producto que utilizamos, mayor es su efecto. Es habitual encontrarse con preparados homeopáticos que tienen dilución 30C, que significa que hay una parte de tintura madre por cada 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 partes de agua (sí, un uno seguido de sesenta ceros). Este líquido tan diluído, se administra tal cual, o en forma de píldoras: coges una pastilla de sacarosa, le echas una gotita de tu preparado, y ya tienes la píldora hecha. Como una dilución tan exagerada significa, básicamente, que en tu pastillita o jarabe de homeopatía no hay nada de tintura madre, los promotores de esta práctica suelen decir que, aunque es así, y lo que te tomas es ya sólo agua o azúcar, sin una sola molécula de la tintura madre, el agua del preparado se acuerda de que la tintura madre estuvo alguna vez allí, y el efecto es el deseado. Por supuesto, la supuesta memoria del agua no se ha demostrado nunca, ni tampoco que la homeopatía tenga un efecto más allá del placebo. Esto es así. Pero es que, además, hay un problema sobre esta hipótesis de la memoria del agua que no se suele abordar. Me voy a permitir la frivolidad de preguntarme: si suponemos que la memoria del agua existe (que no existe), ¿gana algo más de sentido todo esto de la homeopatía?

Normalmente, cuando se habla de la memoria del agua, lo que el lector se imagina es que se coge una cantidad de agua, se ponen las moléculas de la tintura madre que sea, y luego se quitan y el agua se acuerda de que estuvieron allí. Sin embargo, el proceso por el que se fabrican estos preparados es diferente y está perfectamente descrito en mucho sitios de internet. Miremos ese proceso, no desde el punto de vista de la presencia o no de moléculas de la tintura madre, sino desde el punto de vista la memoria del agua: ¿de qué se puede acordar el agua de tu preparado homeopático?

Supongamos que tenemos un vasito de nuestra tintura madre y lo mezclamos con 99 vasitos de agua. Así, tendríamos una dilución 1C. Si suponemos que la memoria del agua existe, podemos suponer que el agua de estos 99 vasitos se acordará para siempre de que estuvo en contacto con la tintura madre en una dilución 1C (y suponemos que no se acordará de nada más, claro). Tomemos ahora un vasito  de esta dilución 1C y mezclémoslo con 99 vasitos de agua: hemos obtenido una dilución 2C. Tanto la tintura madre, como el agua que se acuerda de haber estado en contacto con ella, están disueltas ahora en más agua de modo que si cogemos un vasito de esta dilución 2C, podemos esperar que 1/10.000 del volumen (el 0.01%) sea tintura madre y 1/100 (el 1%) sea agua de la que estuvo originalmente en contacto con la tintura madre en la primera dilución. El resto (99% del volumen) es agua nueva, que no se acuerda de nada: agua recién formateada.

Ahora podemos pensar en dos hipótesis. La primera es que la memoria del agua no se transmite, es decir, el agua puede acordarse de aquello con lo que estuvo en contacto, pero no puede, por decirlo así, aprender cosas de otras moléculas de agua. Si esto es así (y todo el rato estamos asumiendo que la memoria del agua existe, cosa que nadie ha demostrado nunca), la situación se queda como hasta ahora: en un vaso de la dilución 2C tenemos que el 0.01% del volumen es tintura madre, que el 1% del volumen es agua que estuvo en la dilución original y que se acuerda de la tintura madre (aunque ahora, al mezclar, puede que estas moléculas y las de la tintura madre estén muy separadas entre sí) y el resto, el 99%, es agua que, como mucho, podría acordarse de que estuvo en una dilución 2C.

Diluciones

Figura 1. Para intentar aclarar un poco todo este follón de números, represento aquí con dibujitos el experimento imaginado. Parto de un recipiente de tintura madre determinado al que le voy aplicando sucesivas diluciones. Como los números que se usan en homeopatía son gigantes, y la resolución de la pantalla de tu ordenador no da para más, en lugar de hacer cada paso disolviendo un vasito de mezcla en 99 de agua. Lo que he hecho es disolver un vasito de mezcla en un vasito de agua, para que se vea mejor. Si quisiéramos obtener un preparado 30C así, habría que hacer un total de (si no me he equivocado en las cuentas) unos 200 pasos como estos. En la figura podéis ver como después de cada paso va quedando menos proporción de la tintura madre, pero también menos proporción de agua que podría ser susceptible de acordarse de la presencia de la tintura madre.

Si damos otro paso en el proceso, para obtener una dilución 3C, tenemos que coger un vasito del preparado 2C, y diluirlo en otros 99 vasos de agua. En esta disolución, tenemos que 1/1.000.000 del volumen (0.0001%) está ocupado por tintura madre, 1/10.000 del volumen (0.01%) por agua de la primera disolución, agua que se acuerda de que estuvo en contacto con la tintura madre. También hay un 1/100 (1%) del volumen que es agua que estuvo en la dilución 2C, y se acuerda de su pasado. Por último, hay un 99% del volumen que es agua recién llegada y que acaba de aprender que está en contacto con todo eso de la frase anterior: este volumen de agua se puede acordar sólo de estar en una dilución 3C.

Supongo que ya veis a dónde nos dirigimos. Si queremos tomar nuestro preparado 3C, y conseguir uno 30C, que es lo habitual, tenemos que repetir el proceso anterior otras 27 veces, con el resultado que os estaréis imaginando. Cuánto más diluímos nuestro preparado homeopático, menos cantidad de la tintura madre hay, pero también hay cada vez menos cantidad de agua que pueda recordar que alguna vez estuvo en una disolución junto con la tintura madre (ver Figura 1). Así, cuando llegamos a la disolución en la que lo más probable es que no haya ni una sola molécula de la tintura madre (que es más o menos la dilución 12C, y aún quedarían otras 18 diluciones para llegar a 30C), aún podemos esperar encontrar alguna moléula del agua que utilizamos en la primera disolución, algunos cientos de moléculas que participaron en la segunda, y así sucesivamente. Obviamente, cuando llegamos al extremo de una disolución 30C, ya no es que no queden moléculas (ni una) de la tintura madre, ¡sino que no quedan moléculas que haya estado razonablemente cerca de la tintura madre y que se pudieran acordar de ella!

¿Qué pasa con la segunda hipótesis? Pues pasa que la cosa tiene menos sentido aún. Si en lugar de como hemos hecho hasta ahora, suponemos que el agua tiene memoria y se la puede pasar a sus moléculas vecinas. ¿Qué sentido tiene andar haciendo rituales de preparación ni mandangas? Si el agua se acuerda de lo que ha tenido cerca, pero también de lo que agua de otras partes del mundo ha tenido cerca de sí (y se acuerda porque está o ha estado en contacto con agua de otros lugares). ¡Todo el agua de todo el planeta se acuerda de todas las sutancias de todo el planeta! Y esto, obviamente, es un sinsentido, uno más de los sinsentidos de toda esta hipótesis de la memoria del agua y la homeopatía.

Patrioterismo

Posted in Éste y sus cosas, Éste y sus teorías, Columnas, General, Lecturas y reflexiones by thetuzaro on 13 octubre 2012

Ayer fue 12 de octubre de 2012, día de (seguramente entre otros) los santos Amigo, Serafín de Montegranario, Edwin de Northumbria y Maximilano de Celeia; día del Beato Eufrasio del Niño Jesús y de Nuestra Señora de Aparecida. También fue el día de Nuestra Señora del Pilar, quien, desde 1913, ejerce como Excelsa Patrona de la Guardia Civil. Además de todo esto, se conmemoró la arribada de los barcos de Cristóbal Colón a la isla de Guanahani (hecho considerado como el descubrimiento de América). Asimismo, desde 1958 se establece legalmente que se celebre el Día de la Hispanidad (antes de la Raza) cada 12 de octubre, día que sirve para que muchos antiespañolazos se rasgen las vestiduras y para que muchos españolazos… bueno, se las acaben rasgando también, aunque luego se las cubran con una gran bandera española. Es un día que a la mayor parte de la gente se la trae al fresco (salvo por el detalle de que, en España, es festivo nacional), pero en el que se suele ver retratado el patrioterismo español.

Desde que existen las redes sociales es mucho más fácil detectar el patrioterismo español (o quizá más difícil huir de él): antes eran simples comentarios en la barra del bar, hoy actualizaciones de estado en Facebook que se airean a los cuatro vientos. Voy a utilizar una de estas actualizaciones, obra de un amigo, para (desde el más demócrático cariño y el más constitucional respeto) hacer sangre del patrioterismo.

Foto utilizada para hacer gala de patrioterismo.

La foto que acompañaba la actualización de estado en cuestión la podéis ver a la izquierda. El texto era, más o menos, “éste es mi país, ésta es mi bandera, y al que no le guste que se joda”, obviamente escrito con muchas más mayúsculas de las debidas, para dar énfasis. A poco que se fije uno, en el mapa faltan varios territorios que forman parte actualmente del territorio del Estado Español: el archipiélago Canario y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Obviamente, no se debe deducir por eso que el autor del comentario pensara en realidad que las Canarias (¡mis queridas Canarias!) o las ciudades españolas del norte de África no sean parte de España: más bien creo que el autor tendrá una firme opinión al contrario. Más que una declaración de soberanía nacional, supongo que esto no es más que un despiste, algo anecdótico, pero el hecho de que hagas alarde de patrioterismo, de lo orgulloso que estás de tu país, y se te olvide dibujar una parte de dicho país, creo que sirve muy bien para ilustrar lo que es, en el fondo, el patrioterismo, el nacionalismo de Españaza: da igual de lo que hablemos, incluso si nos equivocamos, incluso si no sabemos de lo que hablamos, incluso si hay partes de esa gran nación de la que hablamos que no recordamos que existen, siempre y cuando la bandera de España sea tan grande que lo tape todo y además lo acompañemos de exabruptos. Qué más de que lo que diga uno sea una idiotez, si lo dice “con dos cojones”.

La bandera de la foto (aunque insisto en que no cubre todo el actual territorio español, que tiene tela, nacionalistas de chiste) tiene muchas cosas debajo. Yo nací en España y soy español y hay algunas características de la cultura española que paseo, por qué no decirlo, con orgullo, sobre todo ahora que no vivo en España. Pero, amigos de la Españaza, la bandera de la foto de más arriba también esconde muchas miserias, muchas tradiciones que deberían ser borradas de la faz de la tierra, muchas mierdas, en general, de las que más nos valdría deshacernos si queremos que la gente que vive en lo que ahora es territorio español prospere de una puta vez.

No por estar bajo esa bandera de la foto (connotaciones de este modelo de bandera española en particular aparte) tengo porque tragar con toda la puta bazofia que ocurra debajo, con todas las injusticias y con toda la miseria con la que mucha de la gente que vive a la sombra de esa bandera ha tenido, y sigue teniendo, que tragar. Lo que ocurra en España tiene que superar un listón mucho más alto que, simplemente, ser español o llevar la marca España para ser aceptable. Y si toda la gente que las pasa canutas en España tiene que hacer jirones la bandera para poder escapar a una vida mejor, bienvenido sea. Si ser español supone loar a la bandera y tragar con toda esa bazofia que tapa por la mera razón de ser bazofia española, sinceramente, os  podéis introducir la bandera por el ano.

Estoy deseoso de hacer de lo que es hoy España un lugar próspero para todos los que la habiten, sea bajo la denominación que sea, o tenga España el tamaño que tenga. (De hecho, por el ramalazo internacionalista que tengo, esa prosperidad la ansío para todo el mundo, raro que es uno. ¡Para el mundo entero, cosa que no cabe bajo una bandera!). Pero un país, o un pueblo (o un continente, o un mundo) se hace grande y próspero gracias al trabajo y al esfuerzo de los que lo habitan, no simplemente por gritar ¡Viva España!, ¡Yo soy Español! cada vez más alto, por muchos “cojones” que le pongas al decirlo.

La compra ecológica

Posted in Éste y sus cosas, Éste y sus teorías, Cómics, Lecturas y reflexiones by thetuzaro on 15 agosto 2012

Cosas a recordar para las próximas elecciones

Posted in Éste y sus cosas, Éste y sus teorías, Cómics by thetuzaro on 12 julio 2012

La Wikipedia y el principio de autoridad

Posted in Éste y sus cosas, Éste y sus teorías, Columnas, Lecturas y reflexiones by thetuzaro on 5 mayo 2012

No me cabe la más mínima duda de que todo el que esté leyendo esto ahora sabe qué cosa es la Wikipedia. La enciclopedia colaborativa y libre es relativamente joven (unos diez años desde que se empezaran a escribir los primeros artículos, según la propia Wikipedia) pero ya ha conseguido ser uno de los referentes, por no decir el referente número uno, del saber enciclopédico mundial. Hay versiones en una barbaridad de idiomas, algunas mejores que otras, obviamente, y contiene más conocimiento del que un ciudadano medio pueda llegar a abarcar en su vida. Como se puede ver en el artículo que relata su propia historia, ha recibido una buena cantidad de premios, como por ejemplo el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Sin embargo, también hay una comunidad de detractores que, aunque suelen plantear objeciones muy razonables, en otras ocasiones apuntan con sus críticas a lo que creo que pueden ser más bien ventajas en lugar de desventajas de esta enciclopedia. Es a hablar de alguno de estos argumentos a lo que voy a dedicar este artículo hoy.

En general, las ventajas de la Wikipedia son también sus inconvenientes. El hecho de que pueda venir cualquiera y editar un artículo puede ser muy bueno, suponiendo que el editor en cuestión tenga buena voluntad y buenos conocimientos, o no tan bueno, si el tipo sólo quiere vandalizar y echarse unas risas, o pasar a la historia entre sus cuatro colegas por ser el que puso en la Wikipedia que Aznar estaba muerto. Que sea libre y colaborativa también tiene el riesgo de que la gente, simplemente, no tenga voluntad de mejorar la Wikipedia en su idioma, con lo que acaba siendo una enciclopedia pobre (algo sorprendente, teniendo en cuenta la preocupación por el acceso a la cultura que tiene la población). Está claro que este tipo de situaciones hacen que haya que tener cuidado con determinados artículos, pero de ningún modo invalidan a la Wikipedia en su totalidad. De hecho, el que existan estos incidentes y que la Wikipedia tenga estos problemas nos tiene que hacer cautos al tomar como cierto lo que leemos en una fuente que presume de autoridad, sea la Wikipedia u otra. La lección que tenemos que aprender es que lo que leemos en una enciclopedia (o un periódico, o un artículo científico, o un lbro de texto…) puede no ser todo lo exacto que pensamos, y que es bueno saber en qué se basa alguien para decir algo. No basta con decir “es que lo leí en el Clan TV” para convencerse de que algo es cierto. En otras palabras: la Wikipedia puede estar mal porque está hecha por mindundis cualquiera de la calle, pero otras enciclopedias de uso doméstico, las de Espasa, Larousse, las que sean, están bien porque… ¿las hacen empresas con prestigio? ¿Por profesionales que nunca se equivocan ni son capaces de manipular nada? ¿Debemos aceptar como cierto lo que se diga en ellas por el simple principio de autoridad? Hace poco, en España, tuvimos la ocasión de ver cómo eso puede no ser suficiente cuando la Real Academia de la Historia publicó el Diccionario Biográfico Español, con no poca polémica por sus dulces loas a personajes siniestros como el dictador Francisco Franco. Ya comenté en su día la triste y débil defensa que se hacía de la obra apelando a que lo que dice el investigador va a misa.

Es en este territorio del cuestionamiento del principio de autoridad donde creo que la Wikipedia tiene la mayor ventaja. Leemos un artículo, pero como no nos fiamos de algo que dice, tenemos a nuestra disposición la lista de referencias en las que se basa lo dicho por la Wikipedia para poder juzgar. No sólo eso: tenemos la página de discusión, donde podemos ver si determinadas aserciones son objeto de debate o de vandalismo. Con toda esa información ya podemos juzgar si nos creemos lo que hemos leído o no. Es decir: hay que aprender a leer la Wikipedia, que no se lee diciendo “esto es así porque lo pone en la Wikipedia” sino mirando cómo de justificadas están las afirmaciones que la enciclopedia libre recoge. Y esto que hemos aprendido gracias a la Wikipedia es algo que luego hay que aplicar a todas las fuentes de información con las que nos topamos en la vida. Hacer que aprendamos a informarnos de esa manera es, en mi opinión, una gran ventaja de la Wikipedia.

“Pero es que la Wikipedia está mal: si hasta prohiben utilizarla en los colegios”. Si eres profesor en un colegio, seguramente quieras decirle a tus alumnos que no utilicen la Wikipedia para hacer sus trabajos. Seguramente, también, alegues como razón de esta prohibición que la Wikipedia está mal, que tiene errores, o más expeditivamente, que si “te pillo usando la Wikipedia te suspendo”. En realidad, es probable que lo único que quieras impedir es que los chavales copien artículos enteros de la Wikipedia y los peguen en sus trabajos, algo que me parece totalmente razonable. Pero quizá, si lo que quieres es simplemente que tus alumnos aprendan y trabajen, deberías plantear una razón más seria que simplemente decir que “la Wikipedia está mal y no te puedes fíar de ella”.

Una de las mejores características de la Wikipedia, aparte de las obvias como la gratuidad, es que nos enseña a juzgar los contenidos por su propia calidad o fiabilidad, y no por que lo diga tal o cual persona. Nos ayuda a aprender a combatir el principio de autoridad. Nos ayuda a comprender que el conocimiento, en muchas ocasiones, no es algo sólido e inmutable, como podríamos pensar, sino algo vivo que evoluciona y a lo que hay que cuestionar y mirar con lupa siempre.

Y para acabar una sugerencia. Si entras a la Wikipedia y ves algo que no es correcto, ¿por qué en vez de decir “la Wikipedia es una mierda y está mal” no entras y lo corriges?

¿Merece la pena estudiar?

Posted in Éste y sus cosas, Éste y sus teorías, Columnas, Uncategorized by thetuzaro on 14 enero 2012

Es lugar común entre los españoles que tenemos estudios superiores, sobre todo durante los años en los que se hinchaba la burbuja inmobiliaria, quejarnos de que tener estudios en España no te favorece, o incluso te penaliza, a la hora de encontrar trabajo. Que mejor nos iría si no hubierámos terminado la carrera, no mencionemos ya hacer una tesis doctoral, y nos hubiéramos puesto a currar en otra cosa. Que estábamos o bien sin cobrar un duro, o bien con becas mierderas mientras conocidos que no habían estudiado se paseaban en sus cochazos.

Figura 1. ¿Es la cosa tan así, en realidad?

Relacionado con todo esto, hace unos meses circulaba por la red la foto que podéis ver en la Figura 1, tomada en alguna de las manifestaciones relacionadas con lo que se ha venido a llamar Movimiento 15M. Como veis, el mensaje es también pesimista con respecto a la situación de la gente que estudia una carrera en la universidad: si estudias te tendrás que ir, que aquí no hay lugar para ti. Por supuesto que los debates que se generaron en la red social tenían el mismo color.

Todo esto tenía cierto sentido en un país que aparentemente caminaba a golpe de turismo y ladrillo pero, ¿cuánto de cierto había en todas esas quejas? ¿Están justificados nuestros llantos? ¿Tan mala es la situación laboral de los graduados como para que nos pongamos así? Y lo que quizá sea lo más importante: ¿realmente queríamos que los niños y jóvenes de nuestro entorno captaran el mensaje de que estudiar es malo?

Hace poco tuve la oportunidad de hablar con un chaval que no estaba muy convencido de que estudiar más allá de lo obligatorio (como mucho) le fuera a servir para algo (la adolescencia es así, ya sabéis). Se me ocurrió echarle un vistazo a la página del Instituto Nacional de Estadística para ver cuál era la tasa de paro según el nivel de estudios de la gente en España y así tratar de convencerle de que estudiar era bueno desde el punto de vista de la inserción laboral. Los datos que encontré los podéis ver en la Figura 2.

Figura 2. Tasa de paro para los años 2005-2010 según el nivel de estudios alcanzado. Fuente: INE.

Como veis, para todo el mundo la cosa se empezó a poner bastante complicada en partir del 2008. Para todos los grupos, tanto los muy educados como los poco, la tasa de paro se multiplicó por un factor 2 ó 3 entre 2005 y 2010. Lo interesante, y lo que utilicé para tratar de convencer el chaval que os decía antes, es que durante todo ese periodo se ve cómo la tasa de paro es siempre mayor cuanto menor es el nivel de estudios. Así, para 2010, la tasa de paro entre la población analfabeta era del 45%, mientras que bajaba al 30% para personas que terminaron la educación primaria y seguía bajando hasta el 10% para gente que hubiera estudiado una carrera. Más aún: ¡la tasa de paro para los doctores era sólo del 3% durante 2010! Este orden se mantiene prácticamente inalterable en todo el periodo 2005-2010.

La conclusión, a la vista de estos datos, parece clara: en España, las probabilidades de estar parado son mayores cuanto menores son tus estudios. Que quede bien claro, niños que leéis esto: estudiad, porque cuando terminéis vuestros estudios será más probable que trabajéis (eso por no hablar de la importancia de tener un bagaje intelectual suficiente y del placer de descubrir cosas y todo eso tan intangible).

Pero, entonces, ¿es que los que estudiamos somo unos quejicas? ¿No teníamos motivos para quejarnos? ¿Somos unos niñatos llorones? Bueno… por una parte está claro que sí, a la vista de estos datos, aunque habría que hacer una serie de comentarios sobre ellos, y tomarlos con cierta cautela. Para empezar, con los datos que enseño más arriba no se puede sacar ninguna conclusión sobre qué pasa con los estudiantes hasta que llegan a esos niveles de educación. Por ejemplo, muchos estudiantes universitarios españoles no trabajan, o al menos no trabajan a tiempo completo. Durante ese tiempo no están ganando dinero, mientras que sus colegas sin estudios sí (aquellos que tengan trabajo, claro). Si encima el estudiante decide hacer una tesis doctoral, como mucho tendrá una beca de unos mil euros al mes, que sólo le contabilizará para el paro y para su jubilación durante los últimos dos de los cuatro años de duración de la misma. Es decir, que para cuando el estudiante llega al nivel de formación en el que, en plena crisis, sólo hay un 3% de paro, ha tenido que estar unos diez años ganando cero o muy poco dinero, y en condiciones precarias, claro.

Por otro lado, también hay que señalar que los datos de arriba tampoco dicen nada sobre qué tipo de trabajo están desempeñando los diferentes grupos, y si, de verdad, era necesario emplear tiempo, dinero (parte de él público, no olvidemos) y esfuerzo en esa educación que, posiblemente, no sea necesaria para su trabajo. Es decir, que el paro entre los doctores es bajo, pero igual una buena parte de ellos están haciendo un tabajo para el que no hace falta ser doctor. Lo mismo para los licenciados y para los demás grupos.

De hecho, ésta puede ser una manera de explicar, al menos en parte, el porqué de la tendencia de la tasa de paro a bajar según aumenta el nivel de estudios. Los doctores pueden hacer el trabajo para el que hace falta ser doctor, pero también el del licenciado, el del que tiene la ESO y así sucesivamente. En cambio, los analfabetos sólo pueden hacer el trabajo de su nivel educativo y no el de los niveles superiores. Dicho de otra manera: a mayores estudios, más categorías en las que puedes participar.

Por último, y con respecto al derecho a quejarse. Poniéndome utópico, e invocando esa solidaridad obrera que creo, por otra parte, inexistente (ya hablo de eso otro día): a pesar de que quejarse de lo mal que le van las cosas a uno sin mirar qué tal le va al de al lado sea deporte nacional, lo suyo sería que, puestos a quejarnos, todos peleáramos por mejorar las condiciones laborales y por disminuir la tasa de paro de todos los grupos, no sólo del nuestro, prestando especial atención a los grupos más desfavorecidos, ¿no?

Actualización del 26/01/2012:

Leo en Público algunos de los datos que me faltaban cuando escribí este articulo: uno de cada cuatro jovenes trabaja en algo que no requiere una titulación tan alta como la que tiene. La fuente que citan es un estudio del Instituto Internacional de Estudios sobre la Familia, The Family Watch, que se puede ver aquí.

El artículo brevemente titulado El desilusionante espectáculo de los comentarios de los lectores en las noticias de los periódicos digitales

Posted in Éste y sus cosas, Éste y sus teorías, Lecturas y reflexiones by thetuzaro on 31 mayo 2011

Si ya has recuperado el aliento después de leer el título, deja que te explique que de siempre me ha parecido muy interesante la comunicación entre las personas y el intercambio de ideas. Originalmente, el The Túzaro en papel (que aún se puede descargar de la página web del MMAMM) nació con la idea de ser un lugar de intercambio de opiniones, algo así como lo que sería el muro del Facebook hoy en día. Así, un día un tipo publicaría un artículo defendiendo una postura, y en el siguiente número se esperaba que alguna tipa le saliera al paso defendiendo exactamente lo contrario. Desgraciadamente, la mayoría de los artículos eran demasiado poco polémicos, y la gente demasiado tímida o perezosa para molestarse en escribir trescientas palabras, que no es nada. Finalmente, la cosa cayó en el olvido, porque no iba a ninguna parte.

Me hizo ilusión, claro, cuando se empezaron a popularizar los periódicos digitales. Primero porque podías leer las noticias por la cara, sin tener que comprarte un periódico de mil páginas del que te interesan como mucho diez. Segundo, porque muchos empezaron a incluir la posibilidad de que los lectores hicieran comentarios sobre las noticias, lo que fomentaba ese intercambio de ideas que a mí me parecía tan interesante. Esto al principio me pareció bien, y me di cuenta rápidamente de que según qué periódicos tenían lectores con un, por decirlo de alguna manera, nivel intelectual mayor que otros. Así, los periódicos grandes, como El Mundo, ABC o El País, solían exhibir en sus páginas web comentarios bien redactados y bastante inteligentes. En cambio, el gratuito (en papel, porque en la red todos eran gratis) 20 Minutos representaba típicamente todo lo contrario: malas redacciones y chorradas salidas de la boca del capítan de los patanes.

Sobre 20 Minutos también recuerdo que me llamaba la atención que, independientemente del tema que se tratara, al cabo de diez o veinte comentarios, las conversaciones que mantenían los comentaristas entre sí se reducían, esencialmente, a que unos llamaban fachas a otros que, a cambio, tildaban a los primeros de bolcheviques. Unos echaban en cara lo de Paracuellos a otros que, a su vez, sacaban a relucir los muertos de las cunetas. De este modo, la Guerra Civil Española se revivía a diario en la web de 20 Minutos.

Al principio, pesaba que esto ocurría por lo que he mencionado más arriba: lo poco que, dejémoslo así, se esmeraban los comentaristas de ese periódico a la hora de participar. Sin embargo, con el paso de los años, y, en particular, en los comentarios a las noticias del diario Público, me he dado cuenta de que en todas partes cuecen habas. Si una noticia, trate de lo que trate, tiene cien o doscientos comentarios, lo más probable es que haya unos diez o veinte que, en un lenguaje más o menos correcto, hagan reflexiones medianamente interesantes sobre la noticia. El resto… una auténtica vergüenza: insultos directos, acusaciones infundadas y, como no, el revival cotidiano de la Guerra Civil. De nuevo los muertos de la contienda a pasear, muchas veces de la mano de los que murieron en los atentados del 11-M, que también suelen aparecer por estos foros. Todo aderezado con jueguitos de palabras (moda que, diría yo, inauguró Federico Jiménez Losantos en su etapa en la COPE): pijoprogres de la izmierda que arrementen contra Borjamaris del Partido Podrido.

Ante este espectáculo tan desilusionante, me pregunto: ¿es esto todo lo que hay? ¿Es esto todo lo que podemos esperar de los españoles (y, por extensión, de la gente de habla hispana)? ¿Hay una mayoría silenciosa de personas reflexivas que no escriben en los periódicos que son los que me van a aliviar de esta congoja? ¿Tenemos lo que nos merecemos?

Si no te gusta el capitalismo, ¿por qué no te vas a vivir a un país de esos de rojos?

Posted in Éste y sus cosas, Éste y sus teorías, Columnas by thetuzaro on 28 mayo 2011

Es una auténtica suerte que algunos canales de televisón del Reino Unido, como BBC o Channel 4, tengan colgados sus programas en sus respectivas páginas web para que la gente los pueda ver, y además con subtítulos, que para Elena y para mí es fundamental, como podréis imaginar. Uno de nuestros programas favoritos es Unreported World, una serie de reportajes, que se lleva emitiendo más de diez años, en la que se tratan situaciones problemáticas y trágicas que se dan por todo el globo. Es una serie que suele dejar un sabor de boca muy amargo, no por la calidad de los programas, que es buenísima, sino por lo trágico de las historias que se tratan. A veces me avergüenzo de que lo más parecido que hay en España a esta serie sea Callejeros.

Hace unos pocos días estuvimos viendo un capítulo que trataba sobre los niños bolivianos que trabajan en las minas. Empiezan a trabajar desde muy pequeñitos porque no tienen ninguna otra manera de mantener a sus familias, porque hay que ser joven e imprudente para trabajar en esas condiciones y porque no llegan a viejos por culpa de la silicosis. El programa fue muy duro. Las condiciones de vida eran extremas, y nadie podía soñar con escapar de allí.

Este programa me recordó algo sobre lo que había visto a mucha gente discutir o, más bien, algo que la gente suele echar en cara a los que consideran que el capitalismo no es un buen sistema. Se trata de la famosa frase “si tanto odias el capitalismo, ¿por qué no te vas a vivir a un país de esos de rojos?”, refiriéndose, normalmente, a Venezuela o Cuba. La lógica que está detrás del supuesto desafío es muy sencilla: nos gusta criticar este sistema porque lo consideramos injusto, pero lo criticamos desde la comodidad de nuestra casa del primer mundo, con nuestra sanidad, nuestra tecnología y nuestros adelantos y ventajas sociales, que no queremos sacrificar ni de coña, y que son características del capitalismo.

La lógica parece impecable, pero se está pasando por alto un detalle muy importante. Se asume que el nivel de vida del sistema capitalista es mayor que el de cualquier otro sistema, simplemente comparando cómo vive un tío europeo o norteamericano con uno de Venezuela o Cuba, por poner un ejemplo. No he estado en ninguno de estos dos países, pero asumo que viven peor que nosotros, de acuerdo. Ahora bien, del mismo modo que sería totalemente injusto tomar como referencia del nivel de vida de Venezuela el de su presidente o el del presidente de la asociación de grandes empresarios del país, es injusto tomar como referencia del sistema capitalista el nivel de vida de un ciudadano de EE. UU. ¿Por qué? Porque para que en esto que vivimos, y que suelen llamar mundo desarrollado, seamos tan privilegiados, tiene que haber otras partes del mundo donde la gente las esté pasando más putas que Caín. Esas otras partes del mundo son los lugares de donde los del norte sacamos nuestras materias primas a precio de risa, donde mandamos fabricar nuestras zapatillas deportivas y nuestras ropas, de donde sacamos el petróleo, donde mandamos aviones y tanques para cambiar el gobierno cuando éste ya no nos parece tan bueno como solía…  Y las condiciones de vida en esos países no son, ni de lejos, las que tenemos aquí. Y esos países forman parte de nuestro sistema, del capitalismo. Pueden tener un gobierno que diga que es de la ideología que sea, socialista o de UCD, pero el caso es que a lo que se dedican, es a hacer el trabajo sucio del capitalismo y, por tanto, es justo considerarlos como una pieza fundamental de éste.

De modo que la pregunta correcta a formular cuando alguien critica el capitalismo no debería ser “si no te gusta el capitalismo, ¿por qué no te vas a vivir a un país de esos de rojos?”. La pregunta correcta es “¿estás dispuesto a cambiar el barrio rico del capitalismo por un barrio normal de un país de esos de rojos?”.